domingo, 29 de enero de 2012

She

Cuando ella descubrió que los calendarios, las agendas y todos esos papeles marcados con números y días de la semana eran una ensoñación, dejó de preocuparse. Empezó por dejar de contar los meses con los dedos. Era inútil decir julio, agosto, septiembre ¿Qué importaba? Le gustaba dibujar círculos en la tierra, en la sombra del vapor de las ventanas, en la playa. Por eso cuando supo que nada nunca volvía a su sitio sintió terror. No podía volver atrás, y un vértigo voraz le mordía las entrañas. Entonces sentía ganas de llorar, llorar tiritando los pulmones, suspirando sin darle tregua al corazón. Una línea recta se dibujaba frente a ella, ella que nunca supo trazar bien; ella que se quedó una madrugada fuera de casa castigada, con una regla y una cartulina hasta que terminó de dibujar el cubo. Malos trazos, mal pulso. ¿Cómo es que ahora tenía que trazar su vida?
Desde pequeña tenía la certeza de que al saltar se llegaba a algún lado. Pero lo único cierto en ese momento de su vida es que desde que había decidido saltar seguía suspendida en el aire sin que sus pies tocaran otra textura que la del viento. Entonces, lentamente miró hacia abajo. Una plaga de mariposas explotó en su vientre y tuvo que cerrar los ojos para que de su boca no flotaran alas. Con la punta del pie derecho sintió una roca, le dolió. Cuando apoyó el otro sintió cómo el lodo acariciaba su piel y empezaba a devorarla lentamente... (continuará)

martes, 24 de enero de 2012

De viajes sin destino

En noches como esta, con el cabello mojado y la madrugada por delante, escuchar "Real love" de los Beatles hace cachitos mi alma. Como si pudiera regresar el tiempo, tener seis años otra vez y viajar en el carro mirando mi cara en el retrovisor y a mi papá sonriendo. Entonces era bello soñar. Sentir solamente el viento en la ventanilla y los colores distorsionándose por la velocidad. A veces como hoy me pregunto si nunca he querido bajar de ese viaje, siempre escuchando música y soñando. Sólo quisiera viajar en silencio en un carro, con la música a todo volumen, y sabiendo hacia dónde me dirijo. Un hombre que maneje, soporte mis silencios y sonría al mirarme.

domingo, 22 de enero de 2012

Pequeña y nocturna tragedia

Los sueños a veces son horribles. Cuando el incosciente te juega bromitas pesadas las pesadillas hacen su trabajo. Y qué sueñito tuve anoche. Me echó a perder todo el día. Soñar rostros olvidados es una pequeña tragedia.
 Estaba pensando en las cosas y personas que forman la vida que tengo ahora. En mi hermano que soporta muchas veces mi complicadísima existencia, pero está siempre tierno y disponible para cualquier cosa que necesite; en mi amiga que platica horas a diario conmigo reflexionando sobre muchas nimiedades que a veces se tornan importantes, y en los hombrecitos que ahora me rondan. Uno de ellos se ha dado por vencido y es lo mejor. Otro ha llegado de sorpresa, nunca imaginé que yo le gustara, pero no puedo estar con él porque forma parte de mi pasado. Amigos en común, cosa complicada. Además ya me había prometido que intentaría enamorarme de algún "hombre formal" como cantara Christina Rosevinge.
No se puede volver atrás. No más escritores ni pseudointelectuales. Tengo una extraña afición por ellos pero debo eliminarla. Y respecto a largarme a otro lugar, uno siempre está consigo. Citando a otra Christina, pero de apellido Peri Rossi, y de oficio escritora, la frase "La ciudad no era tú" resume muy bien la situación. Más vale encontrarse a sí mismo, cuestionarse a diario aunque se lo esté llevando a uno la fregada. Cosas por hacer como la tesis de la maestría y sonreír más a menudo. Salir más seguido por vino y conocer más amigos. Ah, terminar el tratamiento de inyecciones porque mi cuerpo me está reclamando mi obvio descuido. Kilos menos, kilos menos, me gusta. Ya me agrada mi cabello corto, así como amo que me digan que parezco de menos edad, y el haber aprendido a caminar en tacones es un logro. Leo a Ovidio. Las metamorfósis. Tenía que hacerlo. Si no es de a gratis ser quimera. Uno ha recibido un castigo, a Ovidio se le ha olvidado narrar el mío, lo haré por él.