domingo, 22 de enero de 2012

Pequeña y nocturna tragedia

Los sueños a veces son horribles. Cuando el incosciente te juega bromitas pesadas las pesadillas hacen su trabajo. Y qué sueñito tuve anoche. Me echó a perder todo el día. Soñar rostros olvidados es una pequeña tragedia.
 Estaba pensando en las cosas y personas que forman la vida que tengo ahora. En mi hermano que soporta muchas veces mi complicadísima existencia, pero está siempre tierno y disponible para cualquier cosa que necesite; en mi amiga que platica horas a diario conmigo reflexionando sobre muchas nimiedades que a veces se tornan importantes, y en los hombrecitos que ahora me rondan. Uno de ellos se ha dado por vencido y es lo mejor. Otro ha llegado de sorpresa, nunca imaginé que yo le gustara, pero no puedo estar con él porque forma parte de mi pasado. Amigos en común, cosa complicada. Además ya me había prometido que intentaría enamorarme de algún "hombre formal" como cantara Christina Rosevinge.
No se puede volver atrás. No más escritores ni pseudointelectuales. Tengo una extraña afición por ellos pero debo eliminarla. Y respecto a largarme a otro lugar, uno siempre está consigo. Citando a otra Christina, pero de apellido Peri Rossi, y de oficio escritora, la frase "La ciudad no era tú" resume muy bien la situación. Más vale encontrarse a sí mismo, cuestionarse a diario aunque se lo esté llevando a uno la fregada. Cosas por hacer como la tesis de la maestría y sonreír más a menudo. Salir más seguido por vino y conocer más amigos. Ah, terminar el tratamiento de inyecciones porque mi cuerpo me está reclamando mi obvio descuido. Kilos menos, kilos menos, me gusta. Ya me agrada mi cabello corto, así como amo que me digan que parezco de menos edad, y el haber aprendido a caminar en tacones es un logro. Leo a Ovidio. Las metamorfósis. Tenía que hacerlo. Si no es de a gratis ser quimera. Uno ha recibido un castigo, a Ovidio se le ha olvidado narrar el mío, lo haré por él.

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