domingo, 29 de enero de 2012

She

Cuando ella descubrió que los calendarios, las agendas y todos esos papeles marcados con números y días de la semana eran una ensoñación, dejó de preocuparse. Empezó por dejar de contar los meses con los dedos. Era inútil decir julio, agosto, septiembre ¿Qué importaba? Le gustaba dibujar círculos en la tierra, en la sombra del vapor de las ventanas, en la playa. Por eso cuando supo que nada nunca volvía a su sitio sintió terror. No podía volver atrás, y un vértigo voraz le mordía las entrañas. Entonces sentía ganas de llorar, llorar tiritando los pulmones, suspirando sin darle tregua al corazón. Una línea recta se dibujaba frente a ella, ella que nunca supo trazar bien; ella que se quedó una madrugada fuera de casa castigada, con una regla y una cartulina hasta que terminó de dibujar el cubo. Malos trazos, mal pulso. ¿Cómo es que ahora tenía que trazar su vida?
Desde pequeña tenía la certeza de que al saltar se llegaba a algún lado. Pero lo único cierto en ese momento de su vida es que desde que había decidido saltar seguía suspendida en el aire sin que sus pies tocaran otra textura que la del viento. Entonces, lentamente miró hacia abajo. Una plaga de mariposas explotó en su vientre y tuvo que cerrar los ojos para que de su boca no flotaran alas. Con la punta del pie derecho sintió una roca, le dolió. Cuando apoyó el otro sintió cómo el lodo acariciaba su piel y empezaba a devorarla lentamente... (continuará)

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