viernes, 7 de octubre de 2011

Epistolario del odio

Ojalá nunca vuelvas a escuchar a Mercedes Sosa o a Janis Joplin, porque me imagino sentirás que en el pecho se te incendiará un fuego que lastima. Espero que cuando necesites hojear algún libro y de pronto una dedicatoria con letras tristes lastime tu vista cortes de un tajo la hoja y la avientes, pero no lo harás porque como yo serías incapaz de lastimar un libro, tendrás que cerrarlo y guardarlo por siempre. Que cuando alguien más cambie las cortinas no recuerdes el día que las corté, las mal cosí y frustrados descubrimos que la tela tenía una horrible transparencia y después de unas horas tu perrita las hizo trizas.
Que el brazo del oso que rompí nunca se componga del todo para que cada vez que salga volando recuerdes quién lo hizo. Que cuando retomes tus deseos de aprender a tocar guitarra te acuerdes de mi desesperación y de las canciones que siempre terminaba cantándote. De mis gritos en la regadera. 
 Cuando alguien más intente poner antes los tomates que la cebolla en el sartén también me recordarás, y cuando necesites que alguien pida la comida sin un sólo resto de carne, también lo harás.
Al observar un berrinche en algún niño, tal vez cuando tengas una hija me verás ahí, en su reclamo de amor.
Es todo lo que te deseo. Mi nombre tal vez no, porque no es común, pero cuando vuelvas a escucharlo una vida entera volverá a tus ojos, no importa el lugar del mundo en el que esté.
Habla el odio, no yo.

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