martes, 13 de septiembre de 2011

Ahogada

Después de ver la frase en el mensajero la pantalla se puso gris y mi corazón negro: "A veces ya no quisiera hablar contigo. Me siento incómodo. Ya no quiero que insistas, me lastimas". Pareciera una cita barata pero cuando dicen que el corazón duele es literal. Sentí que me apretaban el pecho y ni siquiera tuve fuerzas para apagar la computadora, la cerré y me tiré en la cama. Sólo pude decir que lo lamentaba, que no sabía que le era molesto leerme.
Una vez me dijo que se había percatado de que me gustaba dar los "chingadazos en seco", tal vez lo aprendió bien y después lo aplicó conmigo. No sé cuánto sea cierto que uno ve las cosas dependiendo del estado de ánimo, pero la ciudad está gris, hace frío, ahora odio el frío. Tengo vacaciones a partir de mañana y no sé si ir a casa. No quiero que me vean triste, tampoco quiero responder preguntas incómodas.
He entrado al estado de desesperación. Una vez, cuando empezábamos a andar, su ex novia lo llamó llorando, alcoholizada, pidiéndole que volviera con tristes amenazas suicidas.
No haré eso. Nunca pensé encontrarme en su lugar.

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